miércoles, agosto 22, 2007

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “MADRUGADAS ENTRE BRUJOS Y CURANDEROS” POR EL ESCRITOR DR. SEGUNDO LLANOS HORNA EN CHICLAYO

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “MADRUGADAS ENTRE BRUJOS Y CURANDEROS” POR EL ESCRITOR DR. SEGUNDO LLANOS HORNA EN CHICLAYO

1. INTRODUCCIÓN
El efecto superlativo correspondido de Rosita Berenice me ha obsequiado el honor de presentarme ante tan selecto auditorio y, de paso, disfrutar, una vez más, de la calidez de Chiclayo y el cariño, a menudo renovado, del pueblo cuya hospitalidad doblegó – entre “Las barajas y dados del alba” – el liberteñismo del incontrastable NIXA, amauta del periodismo, para nutrir su pluma risueña e inextinguible colmada de “A Propósitos”
Los conceptos que siguen no son ni se pretenden enfoques de un crítico literario que, por cierto, estoy muy lejos de ser. Son, más bien, opiniones de un lector que celebra – con fruición y esperanza – el derecho de la mujer a expresarse artísticamente. Y cuanto mejor si – como es el caso de la autora que nos convoca – es bella y tiene el nombre de una flor.
Esto, sin embargo, es una verdad de Perogrullo. Se trata, empero, de decir unas palabras sobre “Madrugadas entre brujos y curanderos”, el primer libro en prosa de Rosa Berenice Contreras Calderón, a quien admirábamos ya como una virtuosa pintora y poeta.
No existiendo antecedente especifico en la autora, repito lo que escribí cuando, en la antesala del advenimiento, me pidió prologar el libro. “Esta primera novela breve e intensamente testimonial trasunta, a flor de piel, la gratitud de un ser humano convicto y de sensibilidad exquisita, al Poder Divino que se expresa a través de una eficaz herramienta. El Maestro curandero Faustino Silva Zurita”.
“Estas líneas – agregué esgrimiendo mi ética profesional – no pretenden la audacia de un juicio crítico, que estimo prematuro. No puede serlo porque Rosa Berenice tiene casi listas otras dos novelas, una de ellas sobre la épica amorosa de su padre, don Germán Contreras Jara, que – estoy seguro – enriquecerán su fuerza creativa”.
Tengo la hipótesis, que acaso confirme cuando lea los textos, que “Madrugadas entre brujos y curanderos” da continuidad, aquí, a los recientes aportes del motupano Rully Falla Failoc con la ternura de “Coñuma” y la mitología resurrecta de “Dioses, hombres y duendes”, en el marco de lo que podríamos considerar la narrativa de la oralidad y el rescate literario de la identidad regional.
Al mismo tiempo, es producto de la sensibilidad artística de quienes, precisamente como Rully Falla y Rosa Berenice Contreras, transforman el folclor y sus intríngulis en apasionantes relatos, en la senda ya internacionalizada de Eduardo Gonzáles Viaña, quien, no obstante afincar en Oregon, Estados Unidos de Norteamérica, vierte su caudalosa memoria a través de su intermitente “Correo de Salem”
Lambayeque es, por su reputación chamánica, escenario propicio para entregar a su intelectualidad “Madrugadas entre brujos y curanderos” que – como “Habla sampedro” y otros textos mágico-religiosos, densos en imaginación y realismo, de Gonzáles Viaña – nos colocan en la antagónica apoteosis del hechizo y la fe, de la perfidia de la muerte y el milagro de la vida.
2. UNA BREVE EXPLORACIÓN
Rosa Berenice, en su libro, es testigo y protagonista, calvario y resurrección. Seguro que habrá de conmovernos con su testimonio y sus recuerdos. ¿Será la novela aquello que Aristóteles denominaba catarsis?. ¿O simplemente un segmento de lo que no pocos ya consideran una nueva especie dentro del género novelístico?, es decir, la novela mágico-religiosa, chamánica o esotérica.
Son posibles diversas interpretaciones. Creo que “Madrugadas entre brujos y curanderos” es, en todo caso, un desgarrador relato testimonial en el que se integran, simbióticamente, elementos antropológicos, sicológicos y metafísicos que confrontan, a menudo, con la dogmática religiosa y la solidez de la razón.
La antropología nos habla de la supervivencia de la medicina tradicional frente a la medicina científica y nos recuerda, en el caso del Perú, que – desde la Conquista española en el siglo XVI – el mundo occidental y cristiano se esmeró en demostrar que los médicos indígenas cumplían funciones mágicas de brujerías y hechicería. Sin embargo, la Iglesia Católica fracasó en sus sistemática satanización, pese a que los altos Misayocs o médicos incas eran aprehendidos en sus refugios y quemados en la hoguera acusados de herejes.
Especialistas de la Universidad de Granada, España, han establecido una coherente relación entre la hechicería y la magia, definiendo – con la respectiva casuística - las concomitancias sociales, sicológicas y jurídicas que se establecen entre los pensamientos normal y patológico de los chamanes y sus “pacientes”.
El tema es, pues, variopinto y pluridisciplinario. No faltan quienes confrontan al chamanismo con el psicoanálisis, advirtiendo el valor terapéutico y el poder traumático del choque entre el mito y la realidad. Pero, al mismo tiempo, visualizan al curanderismo como un fenómeno cuya médula radica en la creencia.
Tengo la percepción de que la novela que estamos presentando tiene como valor agregado, una creencia sustentada en la fe que induce a las personas a pensar que los terapeutas, chamanes, curanderos y sanadores que surgen en el seno de los grupos sociales – no importa el contexto sociocultural de “curaciones por la fe” – son, por lo menos en ciertos casos, instrumentos de la omnipotencia de Dios.
Fe – nos dice el psicólogo Juan Carlos Martínez Bernal, reputado estudioso del tema – es una palabra de contenido emocional cuya base está en la convicción o creencia. De paso la contrasta con el milagro y las “curaciones milagrosas” – entre ellas las atribuidas a la intercesión de Virgen de Lourdes ante la omnipotencia divina - No obstante, la Iglesia se mantiene reservada en sus juicio y, a través de una Comisión Especial, sólo ha reconocido 50 de 1,300 casos.
Los resultados obtenidos por Rosa Berenice a manos del Maestro Faustino Silva Zurita – un hombre de carne y hueso – relatados en su libro invitan, por ello, a una rigurosa reflexión a la par que a profundos enfoques teológicos y científicos. Queda abierta, también, la alternativa artístico-literaria.
Una de las características de la novela del Perú contemporáneo – apunta el poeta Iván Thays – es la usurpación de la prosa narrativa por los poetas, y su coetáneo el narrador Fernando Ampuero inserta esa narrativa en el urbanismo social, distinguiendo tres rasgos: La temática homosexual, la narración escrita por mujeres y el desplazamiento de los poetas hacia la narrativa.
La segunda y tercera característica se manifiesta nítidamente en Rosa Berenice Contreras Calderón, quién en 1988 debutó con “Vivir, Amar, Seguir Amando”, su primer poemario al que sumó, en el 2001, “Amo … Vivo …”
En sus versos tiernos, efusivos, confesionales, se siente la dehiscencia del amor plural que oscila desde el platónico de una adolescencia feliz, transitando por el sensorial hasta el que se enclaustra en los arcanos de la mente y el corazón de una mujer transparente que repudia toda forma de hipocresía.
No es diferente en “Madrugadas entre brujos y curanderos” que esta noche estamos presentando. Percibo que – al margen de la exquisitez subjetivo del discurso poético – la escritura pretende la extrospección y lo consigue con un relato caudaloso y conmovedor dentro adentro de la historia de la que es protagonista.
La estructura artesanal del relato es explicable y, de ninguna manera, le resta validez al género por falta de la retórica convencional, la vida. No obstante un desfile de variopintos cultores de la brujería y curanderismo, la narradora coprotagoniza gran parte de los hechos con uno en particular: Faustino Silva Zurita.
A lo largo de la estructura argumental, Rosa Contreras despierta su talento de pintora profesional y nos describe a todo color, escenarios y paisajes. Asimismo, con transparencia de cuerpo y alma, las perversidades, maleficios y vesanias de personajes adláteres y ocasionales. Y, como el Bien tiene asegurada la victoria, el Mal sucumbe del brazo de la fe y la esperanza. Nos demuestra que no sólo debemos buscar la bendición de Dios, sino evitar que el Diablo nos dé la contra.

3. FRENTE A LA DIÁSPORA DE LA MADUREZ
El escritor italiano Claudio Magris afirma que “quién narra una historia cuenta el mundo”, por que la narración es un vehículo para entender la realidad y para comunicarnos con los demás.
No nos extrañe, pues, que muchas manifestaciones artísticas del ser humano – sobre todo cuando son espontáneas – se materialicen en lo que Julio Cortázar llamó el tácito “pacto narrativo”, en la hipótesis de que aceptamos aquello que nos cuentan como si fuera verdad y nos entregamos pro completo al mundo que nos ofrece al autor.
En “Madrugadas entre brujos y curanderos” el “pacto narrativo” es irrelevante porque la propia autora, a la vez protagoniza, reconoce, de puño y letra, su catarsis. Debió sobreponerse no sólo a sus convicciones religiosas, sino a los prejuicios sociales de quienes, por su dogmatismo cerril, confunden a la superstición con la inmanencia de los “espíritus vivos de la naturaleza”.
En la primera novela de Rosa Contreras hay mucho de perfectible en cuanto a perspectiva y, especialmente, en cuanto a la voz, focalización, tiempo y modo, que son las categorías diseñadas por la narratología del maestro hispano José María Pozuelo Yvancos en sus “Teoría de la Narración”. Pero tiempo y talento le sobran …
En “Madrugadas entre brujos y curanderos” Rosa Berenice Contreras convierte sus vivencias – diré, mejor, sus experiencias – en insumos narrativos y establece una simbiosis entre autora y narradora, reemplazando al verosimilitud sine qua non del género novelístico con la credibilidad del testimonio y la historia. Sin proponérselo, creo, ignora aquellos que los formalistas rusos llamaban literalmente, carácter literario o gramática del relato.
Rosa Berenice Contreras no es, por cierto una estilista ni muestra erudición en los meandros estéticos de la literatura. Es una artista innata, que florece y fructifica diría que, por su indetenible fluorescencia sabrá pronto – como decía Aristóteles – distinguir entre lo que se cuenta y cómo se cuenta, entre el suceso real y la fábula del imaginario social.
Se aproxima al diáspora de su madurez y la confrontación de sus historias reales con sus historias soñadas como ocurrió, en feliz circunstancia, con Eduardo Gonzáles Viaña en “Sarita Colonia viene volando” y “Batalla de Felipe en la casa de palomas”, o más sutilmente, en “La casa de los espíritus” de Isabel Allende.
4. COLOFÓN
En la novela “Madrugadas entre brujos y curanderos” se entremezclan ingredientes, étnicos y sociales propios de fines del siglo XIX y comienzos del XX, y citadinos, fundamentalmente esotéricos de extracción rural que hacen de la literatura una baraja de códigos cuyo uso social la convierte en una argamasa tecnológica de las concepciones socioculturales toda vez que nos sólo refracta la realidad sino que la recrea desde adentro, contribuyendo a configurar el imaginario popular y sus representaciones selectivas.
No son la retórica ni la estética, en su acepción convencional, sus valores sustantivos, sino el realismo enmarcando en la racionalidad histórica del indigenismo redivivo cubierto de telarañas que estremece la esfera cultural de quienes se enfrentan contra la tradición. Diríase que la narrativa auroral de Rosa Berenice Contreras revolotea con audacia en los ámbitos del mercado editorial que intenta poner un nuevo corsé a las nuevas escritas por mujeres con temas ligados a la sexualidad, las relaciones conflictivas de pareja y un clima de realismo mágico.
Acaso la autora ha encontrado la ruta de Carmen Ollé con los sugerentes textos “¿Por qué hacen tanto ruido?” (1992) y “Las dos caras del deseo” (1994). Aunque el componente autobiográfico está presente, “Madrugadas entre brujos y curanderos” no compagina, en lo mínimo, porque la autora y protagonista en una mujer en todo sentido, con las prácticas homoeróticas y adictivas de los personajes masculinos y femeninos deshumanizados de Jaime Bayly, por ejemplo.
Reitero que formalmente, “Madrugadas entre brujos y curanderos” es, desde la simpleza sintáctica del título, un relato que no encuadra técnicamente en la preceptiva y que tampoco pretende una estilística del género. La historia discurre con cronología lineal, memoriosa y desaprensiva, como si la narradora protagonista no quisiera ocultar el más insignificante detalle.
La trama se resumen en la vía crusis lacerante de la protagonista – en realidad la misma Rosa Berenice Contreras en carne y hueso – que lucha – armada de fe y esperanza – en las mesas de los más renombrados chamanes para salvarse del “daño” de un brujo malero contratado por una mujer rival de amores, hasta que, por fin, aparece Faustino Silva Zurita y, en tenaz batalla contra el maligno, logra arrebatarla de las garras de una muerte anunciada.
“Madrugadas entre brujos y curanderos” podría insertarse en el universo ocultista y esotérico que – distancias aparte – tiene su gurú en Jorge Luís Borges, quien, pese a su naturaleza filosófica – nos dice el profesor Arnulfo Velasco de la Universidad de Guadalajara – utilizó su literatura como un simple pretexto para hacer al exposición de ideas trascendentes o imbuidas de una fundamental significación mágica.
Considero necesario precisar, abonando el alegato, que, en sentido amplio, estamos frente a una suerte de “ocultismo” como búsqueda de conocimientos superiores y escondidos a través de canales desvinculados de la racionalidad común y de los sistemas científicos consolidados.
Es más, el “esoterismo” que subyace en el relato, debe ser entendido como un conjunto de doctrinas de carácter secreto restringido a un círculo de iniciados. Tiene que ver, por ello, con la magia, la alquimia, las cábalas y las religiones histéricas y gnósticas.
No obstante, el libro de Rosa Berenice Contreras rompe diversos paradigmas y, sobre todo, se enfrenta, desde su primer párrafo, a cierta intolerancia interesada en lapidar con dogmas esa realidad que constituyen la brujería y el curanderismo. Una realidad concreta que el llamado Primer Mundo considera exótico, la acepta y la revalora en la tribu planetaria.
Que “Madrugadas entre brujos y curanderos” sea, entrañable Rosita, la hoz que vaya desbrozando el bosque de la incredulidad y la intolerancia.

¡Bienvenida seas!

MUCHAS, MUCHICÍMAS GRACIAS.

No hay comentarios.: